miércoles, 26 de agosto de 2009

"EN LAS GRANDES CIUDADES"

Allá hay hombres que viven mal,
difíciles, en hondos cuartos, tímidos de gestos, con más miedo
que un rebaño de primerizos;
y su, tierra allá afuera alienta y
vela pero ellos están y no lo saben.
Dan vueltas, degradados de cansancio, para servir sin ánimo a cosas sin
sentido, y su ropa se les
marchita encima, y sus hermosas
manos se aviean, prematuras.
Rainer M. Rilke
Era como yo, de hecho tenía 24, si le hubiera cambiado mi ropa por su ropa, la diferencia sería tan nimia, que a mí sería a quién mirarían feo y con desprecio pese a que ella fuera la que trajera el brazo herido. La vi caminando enfrente de mí, vi su peinado y eso fue lo que me llamó la atención de primer momento. Extrañamente ella se sentó en el lugar donde pensaba sentarme, hasta que la vi con atención, traía chanclas y los dedos de los pies traían sangre, observé su pantalón lleno de sangre, la mano igual, iba a preguntarle si se encontraba bien, después analize y asevere que mi pregunta hubiera sido nefasta, una señora se sentó al lado de mí y me pregunto: -"¿Qué le paso?"-, "-no sé, le conteste, justo eso quería preguntarle-" . Le contestó con una voz muy elocuente, y es ahí donde me pregunte qué le paso a esta mujer, cómo acabo sentada ahí en esa estación de metro, rodeada de esta gente que así como todos han cometido no uno sino varios errores en su vida, la miraban a ella como si fuera la peor mierda.
Era como yo, al menos físicamente, un poco, durante el trayecto empezé a notar su confusión, pálido el rostro supuse que había perdido mucha sangre, llegamos a la terminal y le dije: -"oye chica, ¿sales, tomas algún micro?"-, "no, voy para el metro"-, "vamos le dije", su mirada hacía que buscaba algo, -"los boletos"- dijo, -"ah no te preocupes yo acá traigo"-. Ya en el metro la ayude con su vendaje, no tuvo otro remedio que dejarme ayudarle, quería hacerlo todo ella sola.
Al menos fuimos en el metro hablando, así la gente dejo de observarla de ese modo, como mínimo pudo descansar de esa mirada sólo un rato. Como estoy un poco sorda y ella hablaba bajito en ratos no podía escucharle, pero lo intentábamos y lo hacíamos muy bien. Piensó que me parece muy bien que haya podido regresar a dónde tenía que regresar, con su dolor en el brazo y con la sangre aún saliéndole de la herida. Ahora ya no contaré nada más de ella, se fue, la deje en un lugar donde en vista de su expresión se quedaba segura.
Espero que así sea, sin embargo no puedo dejar de preguntarme, ¿hasta cuándo resistirá?, ¿qué tanto?.
La pangloss

1 comentario:

Crónicas Urbanas dijo...

Hola Pame:
Estoy releyendo tu blog, pero no ubico si es una especie de relacto de un sueño o que te sucedió realmente.
Parece un cuento de Joyce, Milto o Borges, que tratan siempre del otro... Los leiste? Por suerte estás de vuelta... te fuiste de vacaciones?
Saludos.